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“Y sus hombres son bravos, sí señor, y muy celosos…”
2017-01-16
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En 1994 teníamos un 6,3% de mujeres ocupando curules versus el 43,4% en el 2013
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Natali Becerra S.
Consultora especializada en Relaciones Públicas y Gestión de Medios COMPOL

 Esta es la letra de una de las canciones más representativas de Ecuador, la cual, por cierto, en varias ocasiones me ha arrancado lágrimas de emoción especialmente cuando he estado fuera de mi querida tierra.

Sin embargo, hace poco le puse más atención a la canción y me percaté que día a día nos encontramos con muchas muestras del machismo campante y abierto en nuestras vidas, como el lenguaje coloquial, los medios de comunicación, las bromas, etc.; y como no percibirlo en mi diario vivir si me dedico a una de las profesiones ligadas a los “hombres fuertes y poderosos” en esencia: la consultoría política.

En Ecuador, donde “sus hombres son bravos y muy celosos”, los espacios de participación de las mujeres en la política han sido en ocasiones relegados a puestos netamente decorativos o en áreas históricamente identificadas como femeninas; en cambio los cargos de toma de decisiones han sido resguardados y custodiados por y para los hombres. Resulta inquietante, por no decir más, cómo se descalifica a las mujeres por el mero hecho de ser madres, hijas o por su estado civil.

Que la política es un asunto de varones. ¿Quién lo dijo? ¿Qué detrás de un gran hombre hay una gran mujer? Hay un sinnúmero de mujeres ecuatorianas que han dejado una huella indeleble a su paso, comenzando por Manuela Sáenz, a quien la historia la desplazó hacia el papel de la amante de Simón Bolívar. La ‘Libertadora del Libertador’ la llamaron, ha pasado “el tiempo y las aguas” para que se la reconozca como una mujer cuya presencia al lado de Bolívar durante los años de la gesta libertaria, marcó numerosos acontecimientos en el nacimiento de la vida republicana del Ecuador.

Matilde Hidalgo Navarro, lojana, quien no solo fue la primera bachiller ecuatoriana sino también la primera en conseguir el título de doctora en Medicina en el país y debido a su lucha por los derechos de las mujeres fue la primera mujer en sufragar, no solo en Ecuador sino en Latinoamérica. No le bastó con eso, ya que lo suyo eran los hechos y sí que dejó precedentes al convertirse en la primera mujer vicepresidente de un concejo y la primera diputada electa del parlamento. ¿El camino fue fácil? En lo más mínimo, puesto que también fue esposa, madre y duramente criticada y cuestionada por la sociedad de la época.

La lista de las mujeres que han llevado las faldas bien puestas y han aplanado nuestro camino es muy extensa. Por otro lado, hay que admitir que las políticas adoptadas en los últimos años han favorecido a la participación de las mujeres en la política nacional.

La creación del Consejo Nacional para la Igualdad de Género (CNIG) en el año 2009, da inicio a una coordinación de la agenda para la igualdad. Esta institución tiene nueve ejes de política y justamente el noveno se refiere al de poder y toma de decisiones, mismo que busca “promover una política de acceso a la plena participación de las mujeres en las estructuras de poder y en los procesos de toma de decisiones, promoviendo el libre ejercicio de sus derechos políticos”, es el que con muchas falencias desde los distintos ámbitos, tales como asignación de presupuesto, ha permitido a las mujeres ecuatorianas sus conquistas.

¿CUÁLES HAN SIDO ESAS CONQUISTAS?
Hoy en día hay una mujer candidata a la presidencia de la República (Cynthia Viteri) y dos más terciando por la vicepresidencia (Monserratt Bustamante y Doris Quiroz), elecciones que se definirán en febrero de 2017.

En 1996 hubo a una mujer vicepresidenta, Rosalía Arteaga, quien fue binomio de Abdalá Bucaram Ortiz, pero todo ello después de que el Estado asumiera el compromiso adquirido en la IV Conferencia sobre la Mujer de Beijing en 1995, con el que se implementó en el país la Ley de Cuotas que incrementó al 20% la participación de las mujeres en procesos electorales en las listas partidarias.

Años después, el Congreso Nacional por medio de una reforma a la ley incrementa el porcentaje al 30% y añade los principios de alternabilidad y secuencialidad, mismo que marcó un hito para las mujeres en el país; pero, sin duda, la decisión de realizar un aumento gradual del 5% en cada proceso electoral hasta llegar a la paridad permitió alcanzar estas cifras en las elecciones de 2014: un 56,5% de mujeres se postularon a cargos de elección popular y un 30,1%  fueron electas, según los datos del Consejo Nacional Electoral (CNE).

Estos números dejan observar un aumento significativo de la participación femenina es el Poder Legislativo. En 1994 teníamos un 6,3% de mujeres ocupando curules versus el 43,4% en el 2013, año desde el que tres mujeres presiden la Asamblea Nacional. Además somos una parte vital y decisiva del electorado, ya que según datos recientes el nivel de abstención del voto es menor que en los hombres.

Pese a lo expuesto, la participación de las mujeres en las distintas esferas políticas aún es baja, debido a muchos factores como la falta de educación y el prejuicio en las zonas rurales; se estima que tan solo el 7,6% pertenece o ha pertenecido a algún partido político; el 5,7% ha participado de sindicatos y el 6,2% ha pertenecido o participado en organizaciones de mujeres.

Hay varias situaciones que ensombrecen nuestros logros políticos, empezando porque el sistema electoral admite la estructuración de la listas sin respetar el principio de alternancia y, por otro lado, la violencia de género que está presente en todos los ámbitos de la sociedad.

En un análisis previo sobre el tratamiento que brindan los medios de comunicación a las mujeres políticas, no solo en el país sino a nivel internacional, el resultado no dejó de ser alarmante, desde el uso del lenguaje machista hasta el hecho de que una mujer que se dedica a la política siempre está a la sombra de un hombre. Las temáticas superfluas en las que se enfocan las notas noticiosas (vestimenta, joyas, situación sentimental, crianza o ausencia de los hijos, etc.) y, por supuesto, su físico son parte esencial y determinante frente a su electorado.

Las mujeres hemos recorrido un largo camino y, sin duda, nosotras actualmente también contamos con el soporte y apoyo de hombres a favor de promover los espacios para las mujeres y hacer de esto un tema prioritario.

¿Cuál es el camino para fortalecernos? Efectivamente no merecemos espacios por el mero y simple hecho de ser mujeres, puesto que eso sería caer en el mismo error de victimizarnos, los espacios nos los merecemos por nuestros aportes y por nuestra probada capacidad. No hay mejor manera de lograrlo que con educación y con la profesionalización de cada una de nosotras en los diversos ámbitos de la política, es el único camino para ser las protagonistas de la historia y las decisiones de nuestro país. ¡A la batalla tenemos que ir con todas las armas!


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