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Cine guerrilla: un arte de calidad y de bajo presupuesto
2017-01-31
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Para quienes hacen este arte, la guerra, la vida, el amor y el cine son actos de vida y muerte
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Comparte en: Instagram facebook email Por: Fernando Cedeño Marcillo     5'    1     297     Te gustó?
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Fernando Cedeño Marcillo
cineasta, CHONEWOOD

Doce largometrajes, cinco documentales y un mediometraje son parte de la producción del llamado cine guerrilla, un tipo de arte que nace en Chone, Manabí en 1994.

Con este cine queremos llegar a todas las salas del mundo y convertir al pequeño Chone en un Chonewood. ¿Por qué? Porque nací en la campiña chonera, crecí en una atmósfera muy sana, hasta los seis años no conocí los autos, mi mundo solo era el campo con sus eternas planicies verdes rodeadas de árboles y ríos.

Desde los siete años empezó mi adicción por leer. En ese tiempo no eran más que revistas de comic como Kalimán, Arandú, Memín, entre otras. Luego, a los catorce años entrené artes marciales, mi vida se desarrolló entre practicar e ir al cine a ver películas chinas, vaqueras y de terror.

Entre otras cosas, deseé intensamente irme a China de polizonte en algún barco (pero no lo logré), me marché a la zona oriental del país siendo parte de un grupo de seguridad y muchas aventuras más acompañado siempre de libros. En 1992 regresé a mi tierra amada y pasé a formar parte de un grupo de motociclistas.

Éramos veinte y ocho, algunos entrenaban kung-fu, otros karate y unos cuantos taekwondo. La diferencia de estilos provocaba ciertas discusiones que al final terminaban con un combate y un abrazo. Cierto día uno de los colegas, Jerry Vera, llegó con una cámara, propuso grabar las peleas y las carreras en motos, una vez que vimos lo grabado nace la idea de hacer una película.

ASÍ NACIÓ UNA PASIÓN DESENFRENADA
Iniciamos con una cámara en la mano y una idea en la cabeza. Al no saber nada de cine las peleas eran reales, pero gracias a nuestro entrenamiento marcial los golpes no nos afectaban, o ¿sería que nuestra pasión era más fuerte que el dolor físico?

Logramos culminar el rodaje y lo proyectamos en una sala de cine de pueblo que había en mi Chone querido. Era de esos lugares en los que entran 1.200 personas y durante siete días tuvimos éxito total. Así pasaron los años y seguimos realizando más largometrajes, los que se filmaron en 2004 tenían armas y municiones reales.

LOS SOLDADOS DEL CINE
Para nosotros la guerra, la vida, el amor y el cine son actos de vida y muerte, nos denominados soldados del cine guerrilla, aquí no hay hambre, no hay frío ni calor, no hay sueño ni cansancio, es lo más parecido a una guerra.

Cuando alguien se nos acerca, le explicamos todo lo que deberá pasar y que lo piense bien, ya que una vez que entra a nuestras filas no hay marcha atrás. Si está persona pide renunciar, le damos la baja como cualquier institución militar, pero sin derecho a regresar.

En el cine guerrilla se debe estar entrenado para dormir en un hotel cinco estrellas o en una carpa, para actos en un jacuzzi o un río. Además, estamos convencidos que la disciplina y la creatividad terminan venciendo a la inteligencia y a la economía, nuestro único objetivo militar es crear la industria del cine ecuatoriano.

¿CÓMO FUNCIONA EL CINE GUERRILLA?
Reunimos al equipo de producción, actores, actrices y demás personas que se han sumado en estos 22 años. Cada uno ofrece carros, motos, haciendas, casas, oficinas, caballos, etc. Todo ello lo adaptamos al guion de acuerdo a la historia.

Se investiga sobre el tema a rodar, ya sea historias de la vida real o ficción; no obstante, aun siendo ficción no dejamos de tocar la realidad. El siguiente paso es la búsqueda de locaciones —en el cine convencional primero se escribe y luego se buscan las locaciones, en nuestro concepto entendemos que los lugares que hallamos en el camino nos dan más ideas—.

Luego se arma el guion, se corrige el estilo y posteriormente se procede a preparar a los actores y actrices mediante trabajos de mesa, ensayos y demás requisitos que exige la preproducción. Cabe señalar que en el cine guerrilla todos hacemos todo, todos sin excepción ayudamos tanto en los temas de alimentación hasta cargar trípodes; aquí no hay roles o rangos mientras no empiece el rodaje.

De este proceso han visto la luz En busca del tesoro perdido (1994), nuestro primer largometraje; Potencia blanca (1996); El destructor invisible (1998); Sicarios manabitas (2004), la película más vendida en la historia del país en el mercado ilegal; El ángel de los sicarios (2013), producción estrenada en la tercera edición del Festival Ecuador Bajo Tierra realizado en Quito, Guayaquil, Manta, y posteriormente proyectada en la sexta muestra de Cine Ecuatoriana en Nueva York y en festivales internacionales en Venezuela, Colombia y Perú. Ahora, estamos concentrados en una nueva producción, En busca del tesoro de Atahualpa.

AÚN TENEMOS DESAFÍOS
Las producciones que hemos desarrollado han sido hechas con esfuerzo propio de quienes estamos comprometidos con el cine guerrilla, tenemos claro que aún estamos por fuera de los presupuestos del Estado. El Consejo Nacional de Cinematografía del Ecuador (CNCine) solo brinda apoyo al cine arte y de autor, no logro asimilar como se gastan cantidades exorbitantes y a la hora de proyectarlas en salas comerciales apenas van de ocho a doce personas. Si se tiene claro que es un cine para festivales, entonces no se debería proyectar en salas comerciales, ya que —desde mi perspectiva— esto hace que el público cada vez salga más decepcionado y pensando que el cine del país solo es eso, un solo tipo de películas.

Además, las salas de cine suelen ser afectadas porque las Cuotas de pantallas exigen transmitir cine ecuatoriano y, a largo plazo, dicha situación afectaría al cine guerrilla, puesto que al momento de proyectarlo en salas, los espectadores pensarían que es lo mismo que han visto antes, y la afluencia de público podría ser menor y tal vez no habría un triunfo verdadero de nuestras producciones.

Pese a ello, en estos años hemos inculcado en el público la presencia del cine guerrilla, no hemos llegado a salas de cine, pero estamos seguros que nuestras siguientes producciones llegarán a todas las salas comerciales porque hemos logrado sembrar en tierra fértil y ya tenemos un público listo para ver nuestros filmes, la lucha no será fácil, pero venceremos.

El cine de género no existe para nuestras autoridades, se debe crear otra categoría, y para que esto suceda —en mi opinión— tendría que modificarse la Ley de Cine, la cual es excluyente al señalar en uno de sus artículos que solo se apoyará a proyectos históricos y culturales. Siempre lo digo: cuando convoquen a un concurso, traigan un jurado para cine arte y cine comercial.

No obstante, frente a ese escenario hemos asumido desde nuestra creación la responsabilidad de establecer la industria del cine ecuatoriano con apoyo o sin apoyo. ¡Gloria al cine guerrilla ecuatoriano!

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Cuando decimos cine guerrilla puede ser una comedia, drama, terror, etc. No es un cine de armas, sino insurgente e ideológico

 


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