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La comunicación en el siglo XXI
2017-02-08
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La ciencia ha demostrado que otras especies animales e incluso plantas, poseen formas de comunicarse
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Comparte en: Instagram facebook email Por: Ana Maldonado Robles     5'    0     32     Te gustó?
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Ana Maldonado Robles,
directora en Kontextu, asesores en comunicación

 Comunicación es, fundamentalmente, diálogo; un intercambio entre sujetos capaces de “conectar” sus códigos de lenguaje, patrones de pensamiento y/o emoción, para obtener como resultado algo compartido, algo “en común”.

Durante mucho tiempo se pensó que la comunicación era un atributo exclusivo de la especie humana. La ciencia ha ido demostrando, a lo largo de las últimas décadas, que otras especies animales, e incluso algunas plantas, poseen diferentes formas de comunicación. El rol de las feromonas en varias especies, incluida la nuestra, es ya bien conocido. Hay también estudios sobre plantas que “advierten” de un peligro a otras más distantes mediante el recurso de expeler un olor determinado. Uno puede encontrar muchos ejemplos más de estas sofisticadas maneras con las cuales la naturaleza ha dotado a sus individuos para interactuar entre ellos, consciente o inconscientemente.

Por mucho tiempo se identificó al lenguaje verbal del ser humano como la herramienta primordial de la comunicación. Hoy se entiende que comunicar es mucho más que verbalizar un contenido. El diálogo —la comunicación— está presente e impregna casi todo lo que hacemos o dejamos de hacer. Dialogamos con nuestros gestos, actitudes, comportamientos, rituales e, incluso, con la toma de decisiones. Un abrazo silencioso a alguien que sufre, comunica. El sonido de un timbre telefónico que nadie contesta, comunica. La sonrisa con que saluda un empleado público al ciudadano que hace un trámite, comunica.

En el último medio siglo, las tecnologías de la comunicación e información (TIC) han evolucionado en forma exponencial, en relación con los previos siglos de historia humana conocida. Hace apenas 60 años, para la mayoría de personas, el mundo tenía los límites del territorio más cercano: lo local o apenas lo nacional; era difícil que alguien estuviera usualmente al tanto de hechos que ocurrían en territorios lejanos, mucho menos que tuviera comunicación directa e instantánea con una persona que viviera en sus antípodas.

La primera mitad del siglo XX entreabrió puertas que, en su segunda mitad y en lo que va del siglo XXI, han dado paso a un apabullante desarrollo científico y tecnológico, que ha cambiado para siempre el rostro de la civilización actual. Y la Comunicación, con mayúsculas, está en el centro de toda esa transformación.

Hoy cualquier sujeto, en cualquier lugar, tiene acceso inmediato a un universo casi infinito de posibilidades de diálogo con otros sujetos, conocidos o desconocidos. Esta abrumadora realidad ha generado también un fenómeno aparentemente contrario: mientras más cantidad de información y posibilidades de comunicación tiene la gente, más ha segmentado sus preferencias. Eso obliga a que, para comunicarse exitosamente, los sujetos deban “sintonizar” con tales preferencias. Expresado en forma elemental, significa que debo conocer qué piensa, siente o quiere mi interlocutor para poder conectar con él. Esto implica investigación.

Una comunicación exitosa, en la actualidad, se basa en una investigación rigurosa de los sujetos con quienes interesa comunicarse. Una empresa, una organización, un académico, un político o un vecino del barrio que no conozca a su/s interlocutor/es está condenado a improvisar la comunicación. Y en esa improvisación, alguna ocasión puede tener éxito; por lo general, fracasa. Dos de los mejores consultores de comunicación política actual en América Latina, Jaime Durán Barba y Santiago Nieto, afirman en su libro Mujer, sexualidad, Internet y política que, cuando dos sujetos se enfrentan con las mismas armas elementales, alguno termina por ganar; pero si uno de ellos utiliza un arma más sofisticada, sin duda el triunfo será suyo. Esto aplica para la comunicación.

Las empresas, sobre todo algunas medianas y grandes, han entendido esto claramente y, en las últimas décadas, han incorporado muchas herramientas metodologicas y tecnológicas contemporáneas para lograr una mejor comunicación con sus grupos de interés. La política aún va a la zaga en este camino: todavía muchos aspirantes al poder y algunos gobernantes improvisan su comunicación, bajo la creencia de que solo se requiere cierto “carisma” para persuadir a sus electores o gobernados.

También ocurre que algunas empresas, igual que algunos políticos, aún confunden comunicación con mercadeo y publicidad, conceptos cuyo objetivo es distinto, aunque complementarios. Una empresa puede gastar mucho dinero en publicidad y no tener buena comunicación con sus clientes, proveedores o empleados, así como un político puede dar discursos todos los días y no decir nada que interese o motive a los ciudadanos.

En el siglo XXI, una comunicación exitosa no se improvisa. Por eso es muy importante que, tanto empresas como organizaciones o individuos que actúan en los ámbitos privado o público, cuenten con el apoyo de profesionales en esta materia. Una recomendación que no redunda en un escenario en el cual, a menudo, la capacidad de comunicarse adecuadamente hace la diferencia entre el éxito y el fracaso.


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