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La era cognitiva en la industria de la salud. Retos y oportunidades
2016-08-11
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Foto cortesía de Fabio Scopeta
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Fabio Scopeta,
líder de IBM Watson Health para América Latina

La industria de la salud atraviesa una transformación total: desde la perspectiva administrativa y regulatoria hasta las facetas médica, cultural y formativa. Junto con ello, la tecnología avanza a pasos agigantados e introduce nuevas perspectivas para sortear los retos de salud que afligen a la sociedad; sin embargo, al mismo tiempo que revela soluciones innovadoras, también genera nuevas variables que obligan a repensar los modelos operativos vigentes.

Según el estudio A Booster Shot for Health and Wellness (2015) del Institute for Business Value, un documento dedicado a comprender las transformaciones que afectan a la industria de la salud, son seis las fuerzas disruptivas que actualmente impactan al sector. A grandes rasgos, se habla de nuevos sistemas digitales, clientes empoderados, regulaciones más exigentes, alzas en el costo social de los servicios, escasez de profesionales preparados y precios elevados del desarrollo de nuevos tratamientos.

Sobre el rol de la tecnología, es importante revisar la dualidad de las soluciones. Por una parte, la incorporación de sistemas digitales ofrece un mejor monitoreo de información, que a su vez resulta en la generación de nuevo conocimiento para incrementar la calidad de los servicios; pero por otra, y he aquí el gran reto, es necesaria una inversión económica, así como cambios en la gestión, preparación, cultura y forma de trabajo de los profesionales de la salud.

Sobre la incorporación de sistemas digitales, el fenómeno se materializa en la digitalización de interacciones entre pacientes y hospitales, registros médicos, reportes de investigación, e incluso la telemática que se obtiene de sistemas de monitoreo para pacientes internados. Por este motivo, el universo de datos de salud crece aceleradamente, pero se calcula que más del 80% de estos datos son inservibles si se procesan con sistemas de cómputo convencionales.

Según cifras del libro Big Data (2014) de Bernard Marr, cada día se generan más de 2,5 quintillones de datos, pero de ellos el 80% son no estructurados. Las herramientas de cómputo tradicionales pueden almacenar este tipo de datos —que van desde comentarios en redes sociales hasta imágenes de un MRI obtenidas dentro de un hospital—, pero se requiere de una nueva generación de sistemas para realizar procesos analíticos que puedan derivar información valiosa y accionable.

En este aspecto, una nueva ola de desarrollos tecnológicos que incorpora algoritmos de aprendizaje de máquinas, razonamiento profundo y procesamiento de lenguaje natural, entre otros, da comienzo a lo que se conoce como la era de la computación cognitiva. Estos dispositivos plantean un nuevo paradigma, ya que logran capturar, analizar y comprender datos no estructurados. En el ámbito de la salud, una máquina de estas características puede ayudar a un médico a procesar incontables investigaciones para encontrar insights útiles, a gran velocidad, para elegir el tratamiento ideal para un paciente determinado.

Una plataforma de datos profesionales de análisis y, sobre todo, un cambio en la cultura organizacional son los principales retos que debe sortear una organización que busca una transformación digital. De poco sirve el sistema si el cuerpo médico no tiene la disciplina de alimentarlo. Y lo mismo aplica si las campañas de capacitación digital no permiten que los expertos puedan aprovechar las herramientas.

Otro aspecto interesante que se debe revisar es el cambio que la conectividad digital, y sobre todo el acceso a Internet, ha logrado en las expectativas de los pacientes. El usuario moderno busca tratamientos personalizados y económicos, si bien podría parecer que se trata de dos conceptos antitéticos. En efecto: tendemos a pensar que personalizado es a costoso como masivo es a económico, pero nos resulta inconcebible formular un escenario en el que es posible producir servicios personalizados de forma masiva, y la solución es una aparente paradoja.

Si un proveedor de servicios tiene menos costos operativos, puede reducir el precio de sus ofertas, ¿no es así? Sin embargo, según datos de la OCDE, los costos evitables, causados por errores médicos, alcanzan los 500.000 millones de dólares cada año. Esta cifra podría reducirse sustancialmente si los profesionales de la salud tuvieran a su alcance más y mejor información.

La tecnología cognitiva ofrece las capacidades computacionales para ofrecer conocimiento digerido para asistir en la toma de decisiones —algo, como se expuso anteriormente, que aplica para médicos que eligen un tratamiento—; por este motivo, aunque exista un costo elevado de implementación, antes de descartar una inversión tecnológica de esta naturaleza se debe sopesar si la reducción en mermas económicas ocasionadas por errores y el incremento en la calidad de los servicios justifica el desembolso.


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